Resumen el Hombre Más Rico de Babilonia

Índice

Prefacio

El prefacio establece que la prosperidad de una nación depende de la prosperidad financiera individual de sus ciudadanos. El libro se presenta como una guía de comprensión financiera que ofrece remedios para "bolsillos vacíos", enseñando cómo conseguir dinero, conservarlo y hacerlo fructificar.​

El autor explica que Babilonia llegó a ser la ciudad más rica del mundo antiguo porque sus ciudadanos aplicaron sólidas reglas básicas para obtener, conservar y hacer dar fruto al dinero. El texto enfatiza que el dinero está sometido a las mismas leyes hoy que hace seis mil años, y presenta siete principios fundamentales para la adquisición de bienes:​

  1. Comience a llenar su bolsa
  2. Controle sus gastos
  3. Haga dar frutos a su dinero
  4. Impida que sus tesoros se pierdan
  5. Haga que su propiedad sea una inversión rentable
  6. Asegúrese ingresos para el futuro
  7. Aumente su habilidad en la adquisición de bienes

Video del Resumen del Hombre Más Rico de Babilonia.

Capítulo 1: El Hombre que Deseaba Oro

Este capítulo presenta a Bansir, un fabricante de carros de Babilonia, quien se encuentra desanimado contemplando su modesta casa y su bolsa vacía. Su amigo Kobi, el músico, llega solicitándole un préstamo de dos shekeles, pero ambos descubren que están en la misma situación de pobreza.​

Bansir relata un sueño en el que poseía una bolsa repleta de oro, lo que despertó en él un profundo sentimiento de rebeldía al constatar su realidad. Esto provoca una reflexión profunda: ambos amigos trabajan arduamente, tienen las mismas habilidades que poseían en su juventud cuando estudiaron juntos, pero viven en la ciudad más rica del mundo sin participar de su riqueza.​

Los dos amigos observan a los esclavos portadores de agua y comprenden que, aunque se llamen libres, no están mucho mejor que ellos. Surge entonces una idea luminosa: deben buscar activamente el secreto de la riqueza. Recuerdan a su antiguo amigo de juventud, Arkad, quien se ha convertido en el hombre más rico de Babilonia.​

Kobi pronuncia una frase reveladora: "La fortuna de un hombre no está en la bolsa que lleva consigo. Una bolsa bien repleta se vacía con rapidez si no hay una fuente de oro para alimentarla. Arkad tiene unos ingresos que mantienen su bolsa llena, gaste como gaste su dinero".​

Deciden ir a visitar a Arkad para preguntarle cómo pueden conseguir ganancias por sí mismos, y planean invitar a otros amigos de la infancia que tampoco han prosperado. El capítulo concluye con una reflexión poderosa: nunca habían buscado activamente la riqueza, simplemente habían trabajado en sus oficios sin aprender las leyes que permiten prosperar.​

Capítulo 2: El Hombre Más Rico de Babilonia

Arkad recibe a sus antiguos amigos y les explica que él no fue elegido por una "fortuna caprichosa", sino que aprendió y aplicó reglas específicas para enriquecerse. Les reprocha gentilmente: "Si no habéis conseguido con qué vivir de manera sencilla desde los años de nuestra juventud, es que habéis olvidado aprender las reglas que permiten acceder a la riqueza".​

Arkad relata su propia historia, comenzando desde su humilde origen como hijo de un comerciante. Siendo joven escriba, un día el prestamista Algamish le encargó copiar la novena ley. Cuando Algamish regresó y Arkad no había terminado, el joven le propuso un trato: trabajaría toda la noche para completar la tablilla si Algamish le revelaba el secreto para hacerse rico.​

Algamish compartió entonces la sabiduría fundamental: "Encontré el camino de la riqueza cuando decidí que una parte de todo lo que ganaba me tenía que pertenecer. Lo mismo será verdad para ti". Le explicó que debe guardar al menos la décima parte de lo que gana, porque de otro modo trabaja para todos menos para sí mismo.​

Algamish le enseñó tres lecciones fundamentales que Arkad aplicó durante años:​

  1. Vivir con menos de lo que ganaba: Arkad comenzó guardando una de cada diez monedas, descubriendo sorprendentemente que no le faltaba más dinero que antes.​
  2. Buscar consejo de expertos: En su primera tentativa, Arkad confió su oro a Azmur, el fabricante de ladrillos, para comprar joyas fenicias. Perdió todo porque confió en alguien que no era experto en joyas. Después, invirtió sabiamente con Ager, el fabricante de escudos, quien le pagaba intereses regularmente.​
  3. Hacer trabajar el dinero: Arkad cometió el error inicial de gastarse los intereses en festines y ropas. Algamish le reprendió: "¿Cómo quieres que trabajen para ti? ¿Cómo pueden producir a su vez más beneficios que trabajen para ti? Procúrate primero un ejército de esclavos de oro, y después podrás gozar de los banquetes sin preocuparte".​

Finalmente, Algamish reconoció que Arkad había aprendido y le ofreció administrar sus tierras en Nipur, haciéndole su socio. Cuando Algamish murió, Arkad heredó parte de sus propiedades según la ley.​

Arkad concluye con consejos prácticos para sus amigos:​

  • Repetirse constantemente: "Una parte de todo lo que gano me revierte y la he de conservar"
  • Hacer trabajar ese oro como esclavo
  • Proteger el tesoro de pérdidas mediante inversiones prudentes
  • Consultar a hombres sabios antes de invertir
  • Disfrutar de la vida sin hacer demasiadas economías, viviendo conforme a sus ingresos

El capítulo cierra señalando que algunos amigos no comprendieron, otros sintieron rencor, pero unos terceros captaron la verdad y durante años visitaron a Arkad para recibir su guía, convirtiéndose eventualmente en hombres prósperos.​

Capítulo 3: Las Siete Maneras de Llenar una Bolsa Vacía

Este capítulo narra cómo el rey Sargón, al regresar victorioso de la guerra contra los elamitas, se encuentra con que su pueblo está sumido en la pobreza a pesar de los años de prosperidad previos. El canciller le explica que el dinero ha ido a parar a manos de unos pocos hombres ricos mientras la mayoría de los ciudadanos han vuelto a no poseer nada.​

El rey pregunta por qué no todos pueden aprender a hacer fortuna, y el canciller responde que Arkad, el hombre más rico de Babilonia, sería la persona indicada para enseñarlo. El rey convoca a Arkad y le pide que enseñe su ciencia a un grupo de cien hombres, quienes luego podrán transmitir ese conocimiento a otros.​

Arkad acepta y durante siete días enseña las Siete Maneras de Llenar una Bolsa Vacía a cien estudiantes en el Templo del Conocimiento:​

Primera Manera: Empezad a Llenar Vuestra Bolsa

Arkad les enseña mediante una analogía con un vendedor de huevos: si cada mañana pone diez huevos en una cesta y cada noche retira solo nueve, la cesta rebosará. Del mismo modo, deben guardar al menos una décima parte de lo que ganan.​

Les revela una verdad extraña: cuando comenzó a gastar solo nueve décimas partes de lo que ganaba, se arregló igual de bien que cuando lo gastaba todo. El principio fundamental es: "De cada diez monedas que ganáis, gastad sólo nueve".​

Segunda Manera: Controlad Vuestros Gastos

Arkad explica que los gastos siempre crecen en proporción a los ingresos si no se hace algo para evitarlo. No se deben confundir los gastos obligatorios con los deseos, pues los deseos son infinitos pero las posibilidades de satisfacerlos son limitadas.​

La solución es crear un presupuesto: escribir todas las cosas que causan gastos, elegir los obligatorios dentro de los límites de nueve décimos de los ingresos, y olvidar el resto. Cuando un estudiante protesta diciendo que el presupuesto le quitará libertad, Arkad responde: "El objetivo del presupuesto es ayudar a aumentar vuestra fortuna. Os ayudará a procuraros los bienes necesarios y, en cierta medida, a satisfacer parte de los otros, os hará capaces de cumplir vuestros mayores deseos defendiéndolos de los caprichos fútiles".​

Tercera Manera: Haced que Vuestro Oro Fructifique

Arkad comparte su experiencia prestando dinero a Agar, un fabricante de escudos. No solo reinvertía el capital, sino también los intereses, haciendo que su fortuna creciera exponencialmente.​

Narra la historia de un granjero que depositó diez monedas de oro cuando nació su hijo. A los veinte años del hijo, el dinero se había convertido en treinta y una monedas. A los cincuenta años, valía ciento sesenta y siete monedas: se había multiplicado aproximadamente por diecisiete en cincuenta años.​

El principio es: "Hacer producir cada moneda para que se parezca a la imagen de los rebaos en el campo y para que ayude a hacer de estos ingresos el manantial de la riqueza que alimenta constantemente vuestra fortuna".​

Cuarta Manera: Proteged Vuestros Tesoros de Cualquier Pérdida

Arkad advierte que el primer principio de la inversión es asegurar el capital. Comparte su primera inversión desastrosa con Azmur, el fabricante de ladrillos, quien le compró vidrios coloreados en lugar de joyas.​

El consejo es claro: no confiar demasiado en la propia inteligencia y buscar el consejo de expertos en cada área. "Proteged vuestro tesoro contra las pérdidas e invertid solamente donde vuestro capital est seguro o donde podáis reclamarlo cuando así lo deseéis y nunca dejéis de recibir el interés que os conviene".​

Quinta Manera: Haced que Vuestra Propiedad sea una Inversión Rentable

Arkad recomienda encarecidamente poseer una casa propia. Explica que muchos babilonios viven en barrios de mala reputación pagando alquileres altos, cuando podrían obtener préstamos para construir sus propias casas.​

Los prestamistas ven con buenos ojos a quienes buscan casa y tierras para su familia. Pagando regularmente al prestamista como se haría con un propietario, en pocos años la casa será propiedad completa del individuo. El beneficio es doble: poseer un patrimonio y reducir los costos de vida.​

Sexta Manera: Aseguraos Ingresos para el Futuro

Arkad señala que todos los hombres deben prever ingresos para la vejez y preparar a su familia para cuando ya no estén. Menciona distintas formas de hacerlo:​

  • Comprar casas y tierras que aumentarán de valor
  • Prestar pequeñas sumas al prestamista a intervalos regulares, permitiendo que los intereses aumenten el capital​

Cuenta la historia de Ausan, un fabricante de sandalias, quien durante ocho años llevó semanalmente dos monedas al prestamista. El total con intereses llegó a cuarenta monedas, y se proyecta que en doce años más tendrá cuatro mil monedas.​

Arkad incluso predice futurísticamente que algún día existirán planes donde los hombres pagarán cantidades mínimas regularmente y sus familias recibirán sumas importantes cuando mueran (esencialmente describiendo los seguros de vida).​

Séptima Manera: Aumentad Vuestra Habilidad para Adquirir Bienes

En la última lección, Arkad habla sobre el desarrollo personal. Comparte que cuando era un pobre escriba, observó que otros escribían más tablillas que él y ganaban más. Decidió que nadie lo superaría, puso más interés en su trabajo, se concentró más y fue más perseverante. Pronto recibió un aumento sin necesidad de pedirlo.​

El principio es: "Cuantos más conocimientos adquiramos, más dinero ganaremos". Un artesano debe aprender mejores métodos y herramientas, un profesional debe consultar con colegas, un mercader debe buscar mejores mercancías.​

Arkad también enumera obligaciones del hombre que se respeta a sí mismo:​

  • Pagar sus deudas lo más rápidamente posible
  • Cubrir las necesidades de su familia
  • Hacer un testamento para que sus bienes sean repartidos justamente
  • Ser compasivo con los enfermos o desafortunados
  • Ser previsor y caritativo con los que quiere

El capítulo concluye con Arkad animando a sus estudiantes: "Hay más oro en la ciudad de Babilonia de lo que sois poseer. Hay oro en abundancia para todos. Avanzad y poned en práctica estas verdades, prosperad y haceos ricos, como os corresponde por derecho".

Capítulo 4: La Diosa de la Fortuna

Este capítulo tiene lugar en el Templo del Conocimiento de Babilonia, un centro de aprendizaje donde profesores voluntarios explicaban la sabiduría del pasado y se discutían asuntos de interés popular en asamblea abierta. En este lugar, todos los hombres eran iguales y hasta el esclavo más insignificante podía rebatir las opiniones del príncipe del palacio real.​

La discusión de esta noche gira en torno a un tema que intriga a todos: ¿existe alguna manera de atraer la suerte? Un tejedor menciona que ha encontrado una bolsa con monedas de oro y desea seguir teniendo suerte.​

Arkad, presente en la discusión, guía el debate con sabiduría. Primero pregunta si alguien ha encontrado tesoros sin esfuerzo alguno, y nadie responde afirmativamente. Luego se discute sobre las salas de juego y las carreras de caballos.​

Las Salas de Juego y la Falsa Suerte

Un joven pregunta si la diosa de la fortuna no frecuenta las salas de juego. Arkad responde con una verdad matemática reveladora: cuando se lanzan los dados, hay cinco posibilidades de perder por cada cuatro de ganar, ya que el rojo paga cuatro por uno pero hay seis caras en el dado. El juego está diseñado para que el propietario del establecimiento obtenga beneficios garantizados, mientras que las posibilidades del jugador son inciertas.​

Arkad pregunta entonces: "¿Hay alguno entre vosotros que gane regularmente en las apuestas?" Entre risas, nadie responde. Tampoco pueden nombrar a ningún ciudadano rico que haya construido su fortuna mediante el juego.​

La Verdadera Naturaleza de la Suerte

La discusión evoluciona hacia experiencias de oportunidades perdidas. Un comerciante cuenta cómo rechazó comprar un cargamento de bronce a buen precio, alegando estar muy ocupado, y perdió una excelente oportunidad de negocio. Un comprador de animales relata cómo encontró a un granjero que necesitaba vender urgentemente novecientas ovejas, pero por ser testarudo y no querer pagar esa noche, perdió la oportunidad. A la mañana siguiente, otros compradores pagaron el triple del precio que le habían ofrecido.​

Arkad concluye con una enseñanza fundamental: "La suerte toma a menudo la forma de una oportunidad". No es algo que llega sin esfuerzo, sino que se presenta a quienes están preparados para aprovecharla.​

La lección clave es: "Los que están impacientes por aprovechar las ocasiones que se les presentan para sacarles el máximo provecho posible atraen la atención de la buena diosa. Siempre se apresura en ayudar a los que son de su agrado. Le gustan sobre todo los hombres de acción".​

Capítulo 5: Las Cinco Leyes del Oro

Este capítulo narra la historia de Nomasir, el hijo de Arkad, contada por el anciano mercader Kalabab a los miembros de su caravana junto a una fogata en el desierto.​

La Prueba del Padre

Cuando Nomasir alcanzó la edad de recibir su herencia, Arkad le planteó un desafío inusual. En lugar de simplemente entregarle su fortuna, le dio dos cosas:​

  1. Un saco de oro - para que comenzara con buen pie
  2. Una tablilla de arcilla - donde estaban grabadas las cinco leyes del oro

Arkad le dijo: "Deseo que heredes mis bienes. Sin embargo, debes demostrar que eres capaz de administrarlos con sabidura". Le ordenó que recorriera el mundo durante diez años y demostrara su capacidad de conseguir oro y hacerse respetar. Si tenía éxito, heredaría los bienes de su padre; de lo contrario, estos se darían a los sacerdotes.​

Los Fracasos de Nomasir

Nomasir partió con el saco de oro y la tablilla envuelta en seda. Al principio, confió en un hombre llamado Azmur, quien propuso comprar joyas fenicias para revender en Tiro. Sin embargo, resultó ser un estafador y Nomasir perdió todo su oro en esta empresa imprudente.​

Posteriormente, se asoció con otros hombres que organizaban carreras de caballos, apostando todo su oro en que ganarían. Perdió nuevamente. Luego confió el resto de su dinero a un vendedor de joyas, quien también resultó ser un canalla y lo abandonó en una ciudad lejana sin dinero ni amigos.​

Desesperado y sin recursos, Nomasir buscó trabajo pero no encontró ninguno porque no tenía oficio ni profesión. Vendió sus caballos, su esclavo y sus ropas para poder comer.​

El Renacer a Través de la Sabiduría

En sus días más oscuros, Nomasir recordó la tablilla que su padre le había dado. La leyó con atención y comprendió que "si primero hubiera buscado la sabidura, no hubiera perdido todo mi oro". Memorizó todas las leyes y decidió que cuando la fortuna le sonriera nuevamente, se dejaría guiar por la sabiduría de la edad y no por la inexperiencia juvenil.​

Consiguió empleo como vendedor de alfombras. Siguiendo las cinco leyes del oro fielmente, comenzó a prosperar. Se asoció con hombres sabios que estudiaban cuidadosamente todos los planes antes de ejecutarlos y no se arriesgaban a perder su capital en inversiones no rentables.​

El Regreso Triunfal

Al cabo de diez años, Nomasir regresó a Babilonia. Ante su padre y su madre, colocó tres pesados sacos de oro en el suelo:​

  • El primer saco lo devolvió como reemplazo del oro original de Babilonia que su padre le había dado
  • Los otros dos sacos los colocó como demostración del valor de la sabiduría grabada en la tablilla​

Nomasir declaró: "Esto es para demostraros, padre, que considero mucho más valiosa vuestra sabiduría que vuestro oro". Explicó que gracias a esa sabiduría se había convertido en rico y respetado por los hombres.​

Las Cinco Leyes del Oro

Kalabab, al final de su relato, recita las cinco leyes que había memorizado en su juventud:​

Primera Ley del Oro: El oro acude fácilmente, en cantidades siempre más importantes, al hombre que reserva no menos de la décima parte de sus ganancias para crear un patrimonio para su futuro y el de su familia.​

Segunda Ley del Oro: El oro trabaja diligente y provechosamente para el dueño prudente que le encuentra un empleo lucrativo, multiplicándose como los rebaños en el campo.​

Tercera Ley del Oro: El oro permanece bajo la protección del dueño prudente que lo invierte siguiendo el consejo de hombres sabios en su manejo.​

Cuarta Ley del Oro: El oro escapa del hombre que lo invierte en negocios o propósitos con los que no está familiarizado, o que no son aprobados por aquellos que son expertos en su manejo.​

Quinta Ley del Oro: El oro huye del hombre que lo fuerza a obtener ganancias imposibles, o que sigue el consejo seductor de estafadores y timadores, o que confía en su propia inexperiencia y deseos románticos de inversión.​

Kalabab concluye: "A aquellos que respetan las cinco leyes del oro, se les ofrece una rica recompensa".​

Capítulo 6: El Prestamista de Oro de Babilonia

Este capítulo presenta la historia de Rodan, un fabricante de lanzas que recibe del rey cincuenta monedas de oro como regalo por haber matado a un enemigo salvaje con una de sus lanzas. Sin experiencia en manejar tal fortuna, Rodan se encuentra en un dilema cuando su hermana le pide prestadas las cincuenta monedas para que su marido pueda establecerse como comerciante.​

La Búsqueda de Consejo

Rodan acude a Mathon, el prestamista de oro de Babilonia, para pedirle consejo. Mathon es descrito como un hombre sabio y experimentado en el arte de prestar dinero de manera segura y provechosa.​

La Fábula del Asno y el Buey

Mathon comienza contándole a Rodan la fábula de un granjero que tenía un buey y un asno. El buey se quejaba con el asno de la dureza de su trabajo arrastrando el arado todo el día. El asno, compadecido, le aconsejó que se hiciera el enfermo al día siguiente para descansar.​

Cuando el buey siguió el consejo y se fingió enfermo, el granjero enganchó al asno al arado. El asno pasó todo el día trabajando duramente en lugar del buey. Por la noche, agotado y dolorido, le dijo al buey: "Eres un compaero perezoso. Nunca más se hablaron. Allí terminó su amistad".​

La moraleja: "Si quieres ayudar a tu amigo, hazlo de forma que luego no recaigan sobre ti sus responsabilidades".​

El Cofre de las Garantías

Mathon muestra a Rodan su cofre cubierto con piel de cerdo roja y adornado con figuritas de bronce. En él guarda las garantías de cada persona a quien presta dinero.​

Mathon explica que hay diferentes categorías de préstamos:

1. Préstamos basados en propiedades: "Lo más seguro es prestar dinero a aquellos cuyas posesiones tienen más valor que el oro que desean que les preste". Estos pueden ofrecer tierras, joyas, camellos u otros objetos que se pueden vender como pago del préstamo.​

2. Préstamos basados en el esfuerzo humano: Personas que tienen ingresos regulares, trabajan o sirven, son honestos y pueden devolver el oro con intereses. Estos préstamos se basan en la capacidad de ganar dinero del prestatario.​

3. Los que no tienen propiedades ni ganan dinero: Mathon advierte que no prestará a estas personas a menos que buenos amigos garanticen la devolución del préstamo.​

Historias del Cofre

Mathon relata varias historias ilustrativas:

  • El collar de bronce: Pertenecía a un amigo que se casó con una mujer del Este que lo llevó a malgastar todo su oro. Cuando pidió más dinero prestado, juró retomar las riendas de sus asuntos, pero la mujer lo mató con un cuchillo durante una pelea. Nunca recuperó este préstamo.​
  • El anillo del granjero: Un granjero cuyas cosechas fueron devastadas por saltamontes. Mathon lo ayudó y el granjero devolvió el dinero. Luego pidió oro prestado para comprar cabras especiales con pelo fino, con las que sus mujeres podrían tejer las alfombras más bellas. El granjero insiste en devolverle el dinero rápidamente.​
  • El brazalete de oro: Pertenece a una mujer que pidió dinero prestado para que su hijo se asociara con el propietario de una caravana. El hombre resultó ser un canalla que abandonó al hijo en una ciudad lejana sin dinero. Mathon solo recibe palabras vanas en lugar de intereses.​

Los Principios del Préstamo Sabio

Mathon enseña a Rodan principios fundamentales:

  1. Seguridad primero: "Tu primer deseo es la seguridad". No confíes tu tesoro a quien no es prudente en guardar el oro.​
  2. Ganancias realistas: "S conservador en cuanto a las ganancias que el oro pueda producirte". Las promesas de ganancias usureras suelen llevar a perder el capital.​
  3. Asociarse con expertos: "Intenta asociarte con hombres hábiles y emprender negocios cuyo éxito está asegurado".​

El Consejo Final a Rodan

Mathon le aconseja a Rodan que guarde sus cincuenta monedas de oro, que son "la justa recompensa de tu trabajo y nadie puede obligarte a compartirlas".​

Le sugiere que le diga a su hermana: "He trabajado tres años para ahorrar estas monedas. Si puede presentarme un plan que a mi amigo Mathon le parezca sensato y realizable, entonces le prestaré gustosamente mis ahorros de un año entero".​

De esta manera, si el marido de su hermana tiene talento para triunfar, tendrá que demostrarlo. Si falla, solo deberá una moneda en lugar de cincuenta.​

La lección grabada en la tapa del cofre de Mathon resume todo: "Vale más prevenir que curar".​

Capítulo 7: Las Murallas de Babilonia

Este capítulo es una narración dramática y simbólica que tiene lugar durante un asedio a Babilonia.​

El Asedio

El viejo Banzar, un guerrero feroz en otros tiempos, hace guardia en la pasarela que lleva a la parte más alta de las murallas de Babilonia. Los ejércitos asirios del Norte han atacado la ciudad de manera inesperada mientras el rey y las fuerzas principales están lejos, en el Este, combatiendo a los elamitas.​

Las fuerzas defensoras son escasas y la supervivencia de la ciudad y sus centenares de miles de habitantes depende de que las murallas resistan. Los enemigos atacan ferozmente con arietes que golpean las puertas de bronce, intentan escalar las murallas con plataformas y escaleras, mientras los defensores les arrojan aceite hirviendo y lanzas.​

Los Ciudadanos Atemorizados

Alrededor de Banzar se agrupan numerosos ciudadanos atemorizados que se informan ansiosamente sobre la evolución de los combates:​

  • Un comerciante anciano le suplica: "Decidme, por favor, no podrán entrar, verdad? [...] Robará todos nuestros bienes, tomarán todas nuestras reservas. Nosotros ya somos viejos, demasiado para poder servir como esclavos, nos moriremos de hambre".​
  • Una mujer embarazada con un bebé en brazos pregunta por su marido herido que insiste en protegerla con su armadura y lanza.​
  • Una niña asustada que escucha ruidos terribles y ve hombres sangrando, pregunta: "¿estamos seguros?"​

A todos ellos, Banzar responde con la misma dignidad de viejo soldado: "Las murallas de Babilonia os protegerán".​

La Victoria

Durante tres semanas y cinco días continúa el ataque con renovada violencia. Cada día, la mandíbula de Banzar se crispaba más al ver el paso lleno de sangre de los numerosos heridos. Los atacantes masacrados se amontonaban en pilas ante las murallas.​

La quinta noche de la última semana, el clamor disminuyó. Los primeros rayos del sol iluminaron la llanura cubierta de grandes nubes de polvo que levantaban los ejércitos en retirada. Un inmenso grito de victoria se alzó entre los defensores y barrió la ciudad con la violencia de una tempestad.​

El Significado Simbólico

El capítulo concluye con una reflexión sobre el significado más profundo de las murallas: "La ciudad de Babilonia sobrevivió varios siglos porque estaba completamente protegida".​

El autor explica que las murallas de Babilonia ilustran las necesidades del hombre y su deseo de estar protegido, un deseo inherente a la raza humana. Luego establece el paralelo con los tiempos modernos:​

"Hoy en día, apostados tras los muros inexpugnables de los seguros, de las cuentas bancarias y de las inversiones fiables, podemos protegernos de las tragedias inesperadas que pueden surgir en cualquier momento. No podemos permitirnos vivir sin estar protegidos de manera adecuada".​

Las murallas físicas de Babilonia representan la protección financiera que cada persona debe construir para sí misma y su familia mediante ahorros, inversiones seguras y seguros. Así como las murallas protegieron a los ciudadanos de los invasores, la protección financiera nos defiende de las adversidades de la vida.

Capítulo 8: El Tratante de Camellos de Babilonia

Este capítulo narra la historia de Dabasir, un tratante de camellos que fue en su tiempo esclavo, y su encuentro con Tarkad, un joven endeudado que evitaba pagar lo que debía.​

El Encuentro con Tarkad

Tarkad, hambriento y sin recursos, se encuentra con Dabasir, quien le reclama las deudas que tiene pendientes. A pesar de la situación desesperada del joven, Dabasir lo invita a comer mientras le cuenta su propia historia de redención.​

La Caída de Dabasir

En su juventud, Dabasir aprendió el oficio de fabricante de sillas de montar de su padre. Cuando se casó, era joven e inexperto y ganaba poco dinero. Comenzó a comprar a crédito cosas que no podía permitirse - bellas ropas y objetos de lujo para su esposa y su casa.​

La lección fundamental que aprendió demasiado tarde fue que "el que gasta más de lo que gana siembra los vientos de la intil indulgencia y cosecha tempestades de problemas y humillaciones". Sus acreedores comenzaron a perseguirlo, su vida se volvió miserable, su mujer regresó con su padre, y él decidió huir de Babilonia.​

Durante dos años vagó con caravanas de mercaderes, hasta que se unió a un grupo de ladrones del desierto. Después de robar una caravana, fueron atacados y capturados. Dabasir fue vendido como esclavo por dos monedas de plata a un jefe del desierto sirio.​

El Momento de la Verdad

Cuando estaba a punto de ser convertido en eunuco, Sira, la primera esposa de su amo, intervino y lo convirtió en su camellero. Durante un año de esclavitud, Sira le hizo reflexionar sobre una pregunta fundamental: "¿Tienes alma de hombre libre o de esclavo?"

Sira le planteó una verdad dolorosa: "Si un hombre tiene alma de esclavo, no se convertirá en uno, sin importar su cuna, del mismo modo que el agua busca su nivel? Y si alguien tiene alma de hombre libre, no se hará respetar y honrar en su ciudad aunque no lo haya acompaado la suerte?"

Le dijo algo aún más contundente: "Si dejas que los años pasen sin preocuparte y sin hacer esfuerzo alguno para devolver ese dinero, entonces tienes alma de esclavo. No puede ser de otro modo si un hombre no se respeta a sí mismo nadie se puede respetar si no paga las deudas que ha contrado".​

La Huida y la Transformación

Sira le ayudó a escapar, proporcionándole dos camellos, agua y alimentos. Dabasir huyó hacia Babilonia a través del desierto. Al noveno día de viaje, sin agua ni comida, al borde de la muerte, tuvo una revelación.​

En ese momento crucial se preguntó de nuevo: "¿Tengo alma de hombre libre o de esclavo?" Comprendió que si tenía alma de esclavo, se tumbaría en la arena y moriría. Pero si tenía alma de hombre libre, debería regresar a Babilonia, enfrentar sus deudas, hacer feliz a su esposa y honrar a sus padres.​

"Entonces algo extrano ocurrió. El mundo entero me pareci ser de un color diferente, como si hasta ese momento lo hubiera visto a través de una piedra coloreada que de repente hubiera desaparecido. Por fin comprend cuáles eran los verdaderos valores de la vida".​

Con esta nueva determinación, sus camellos se levantaron y encontraron el camino a Babilonia. El alma de un hombre libre mira la vida como una serie de problemas que resolver, y los resuelve, mientras que el alma de un esclavo gimotea "¿Qué puedo hacer yo, que sólo soy un esclavo?".​

El Regreso y la Redención

Al regresar a Babilonia, visitó a todos sus acreedores y les suplicó paciencia hasta poder ganar el dinero para pagarles. Maton, el prestamista de oro, lo envió a ver a Nebatur, el tratante de camellos, quien le dio trabajo. Poco a poco fue devolviendo cada moneda de cobre o plata hasta que pudo caminar con la cabeza bien alta como un hombre honorable.​

La gran verdad del capítulo: "Cuando se está determinado, se encuentran los medios".​

Capítulo 9: Las Tablillas de Barro de Babilonia

Este capítulo presenta una narrativa moderna que conecta el pasado con el presente a través de cinco tablillas de barro descubiertas en las excavaciones de Babilonia.​

La Correspondencia Arqueológica

El capítulo comienza con una carta del profesor Alfred H. Shrewsbury de la Universidad de Nottingham al profesor Franklin Caldwell, quien dirigía una expedición científica británica en Mesopotamia.​

Shrewsbury había traducido cinco tablillas de barro enviadas por Caldwell que contenían inscripciones de Dabasir, el tratante de camellos. El profesor quedó asombrado al descubrir que "los problemas del mundo antiguo, de hace cinco mil años, no son tan diferentes de los de ahora".​

Lo más notable es que Shrewsbury y su esposa decidieron aplicar el método de Dabasir a sus propias finanzas, diciendo: "sería interesante probar si funciona igual de bien en nuestros días que en la antigua Babilonia".​

El Plan de Dabasir (Tablilla N°1)

Dabasir grabó en barro un informe permanente siguiendo el consejo de su amigo Maton, el prestamista de oro. El plan incluía tres objetivos fundamentales:​

1. Construir prosperidad: Apartar la décima parte de lo que ganaba como bien a conservar. Maton decía: "El hombre que guarda en su bolsa el oro que no necesita gastar es bueno para con su familia y leal a su rey".​

2. Cubrir sus necesidades: Usar siete décimos de lo que ganara para comprar casa, ropas, comida y otros gastos, de modo que su vida no estuviera exenta de placeres y satisfacciones. Debía vivir con esa porción y nunca tomar o comprar más de lo que pudiera pagar con ella.​

3. Pagar sus deudas: Las dos décimas partes restantes se dividirían justa y honorablemente entre todos sus acreedores cada mes.​

La Lista de Deudas (Tablillas N°2 y N°3)

Dabasir registró meticulosamente todos sus acreedores:

  • Farra el tejedor: 2 monedas de plata, 6 de cobre
  • Sinjar el fabricante de colchones: 1 moneda de plata
  • Ahmar, su amigo: 4 monedas de plata, 7 de cobre
  • Akamir, su amigo: 1 moneda de plata, 3 de cobre
  • Diebeker, amigo de su padre: 4 monedas de plata, 1 de cobre
  • Alkahad, el dueño de la casa: 14 monedas de plata
  • Maton el prestamista de oro: 9 monedas de plata
  • Birejik el agricultor: 1 moneda de plata, 7 de cobre

Deuda total: 19 monedas de plata y 141 de cobre

Visitó a todos sus acreedores explicándoles su plan. Ahmar lo insultó duramente. Bijerik pidió ser el primero en cobrar. Alkahad lo amenazó. Pero los demás aceptaron gustosamente su propuesta.​

Dabasir escribió: "Ahora estoy más decidido que nunca a pagar mis justas deudas, pues me he convencido de que es más fácil pagarlas que evitarlas".​

Los Resultados (Tablilla N°4)

Primera luna llena: Ganó 19 monedas de plata comprando camellos robustos para Nebatur. Guardó la décima parte para ahorrar, compartió siete décimos con su esposa para sus necesidades, y dividió las dos décimas partes restantes entre sus acreedores. Su deuda se redujo en 4 monedas de plata en una luna, y poseía casi 2 monedas más que nadie podía reclamarle.​

Segunda luna: Ganó sólo 11 monedas de plata. Aunque fue difícil, él y su esposa se atuvieron al plan. Comieron sólo un poco de sémola y no compraron nuevos vestidos. Incluso Ahmar alabó su pago aunque era pequeño.​

Tercera luna: Descubrió una buena manada de camellos y ganó 42 monedas de plata. Él y su esposa se compraron sandalias y ropas que necesitaban, comieron carne y aves, y pagaron más de 8 monedas de plata a sus acreedores.​

Tras tres lunas, guardaba en su bolsa 21 monedas de plata que eran suyas. Escribió: "Eso me permite andar con la cabeza alta y caminar con orgullo junto a mis amigos. Mi mujer puede cuidar bien de la casa y va bien vestida. Somos felices de vivir juntos. Este plan tiene un inmenso valor. ¿No ha hecho de un antiguo esclavo un hombre honorable?"

El Desenlace (Tablilla N°5)

Después de doce lunas, Dabasir había pagado su última deuda. El plan funcionó completamente.​

La Aplicación Moderna

Una segunda carta del profesor Shrewsbury, fechada el 7 de noviembre de 1936, revela que él y su esposa aplicaron el plan de Dabasir a sus propias finanzas.​

Estaban "terriblemente humillados" por sus deudas y "intranquilos hasta la enfermedad" por miedo a que algún comerciante causara un escándalo. Gastaban cada chelín de sus ingresos sin poder mejorar su situación.​

Pero tras seguir el plan de Dabasir, hicieron una lista de todas sus deudas, se la mostraron a sus acreedores, y el plan funcionó. Shrewsbury concluye: "Vuestro amigo, el viejo tratante de camellos de Babilonia, nos dio un método... para pagar las deudas al tiempo que consigues más dinero para tu cartera".​

Capítulo 10: El Babilonio Más Favorecido por la Suerte

Este capítulo narra la historia de Sharru Nada, el príncipe mercader de Babilonia, quien revela a Hadan Gula, nieto de su antiguo socio, el verdadero secreto de su éxito.​

El Encuentro

Sharru Nada regresaba de Damasco con su caravana, trayendo consigo a Hadan Gula, el nieto de su antiguo socio Arad Gula, a quien debía eterna gratitud. Quería ayudar al joven, pero estaba preocupado por su actitud.​

Cuando Hadan Gula le preguntó por qué trabajaba tan duramente, respondió: "Si tuviera una fortuna como la vuestra viviría como un príncipe. Nunca atravesaría el desierto, gastaría los shekeles tan rápido como cayeran a mi bolsa, llevaría las ropas más caras y las joyas más raras".​

Sharru Nada comentó: "Tu abuelo no llevaba joyas". Cuando Hadan Gula respondió que "el trabajo está hecho para los esclavos", Sharru Nada quedó profundamente afectado.​

La Revelación del Pasado

Al acercarse a Babilonia, Sharru Nada vio tres ancianos arando un campo - los mismos hombres que había visto cuarenta años antes cuando él mismo era esclavo. En ese momento decidió revelar la verdad a Hadan Gula.​

La Historia de Sharru Nada como Esclavo

Sharru Nada confesó que él también había sido esclavo. Una casa de juego y la cerveza de cebada lo llevaron a la ruina. Pagó los delitos de su hermano (quien mató a un amigo en una pelea), y cuando su padre no pudo conseguir dinero para liberarlo, fue vendido en el mercado de esclavos.​

Fue encadenado con un collar de bronce y una pesada cadena lo unía a otros esclavos. Entre ellos estaba Zabado, el ladrón de corderos, y un hombre apodado Pirata, que tenía tatuadas serpientes enroscadas en el pecho.​

Cuando llegaron a Babilonia, vieron miles de esclavos construyendo las murallas, cargando ladrillos en cestas por empinados caminos. Los que caían exhaustos eran dejados a un lado para morir.​

El Consejo de Godoso

La noche antes de llegar al mercado de esclavos, Godoso, uno de los guardias árabes, le dio un consejo crucial: "Cuando vengan los compradores, diles que eres un buen trabajador, que te gusta trabajar duro y para un buen amo. Si no los animas a comprarte, al día siguiente te encontrarás llevando ladrillos, un trabajo agotador".​

Sharru Nada reflexionó sobre lo que Megido, otro esclavo, le había dicho: que el trabajo era su mejor amigo. Se preguntó si también sería el suyo.​

La Compra y el Nuevo Comienzo

Nana-naid, un panadero, lo compró y le enseñó a moler cebada, hacer fuego en el horno y moler harina de sésamo para hacer pasteles de miel. Sharru Nada trabajó con buena voluntad y pidió aprender más.​

Propuso un plan a su amo: hacer más pasteles de miel y venderlos en las calles durante las tardes. El acuerdo era que vendería los pasteles a un céntimo el par, devolvería la mitad para pagar los materiales, y de lo restante, la mitad sería para su amo y la otra mitad para él (quedándose con la cuarta parte de sus ventas).​

El Trabajo como Mejor Amigo

Sharru Nada tuvo éxito vendiendo los pasteles. "Nana-naid estaba muy contento de mi éxito y me pagó mi parte gustoso. Yo estaba encantado de tener algún dinero. Megido tenía razón cuando decía que el amo aprecia los trabajos de un buen esclavo".​

Uno de sus clientes regulares era precisamente Arad Gula, abuelo de Hadan Gula, quien vendía alfombras de un lado a otro de la ciudad. Un día Arad Gula le dijo algo que Sharru Nada nunca olvidó: "Me gustan tus pasteles, muchacho, pero me gusta aún más el ardor con que los vendes. Un espíritu así te puede llevar muy lejos en el camino del éxito".​

La Prueba del Desierto

Eventualmente, Sharru Nada fue vendido a Sasi, un hombre tosco y brusco cuyo amo había sido ordenado por el rey a enviar esclavos para construir el Gran Canal. Allí, las condiciones eran brutales: filas de hombres bajo un sol ardiente, sin tiendas ni paja para las camas, comiendo como cerdos.​

La fiebre se apoderó de su cuerpo. En su miseria recordó las palabras de una antigua poesía:

"Mira al hombre que como un torbellino se comporta como la tormenta,
Que en su carrera nadie puede seguir y su destino nadie puede predecir"

Se preguntaba si su destino era ser castigado indefinidamente.

El Rescate

Pero entonces apareció Arad Gula, quien lo había buscado por todas partes. Encontró a Swasti (la criada de Nana-naid), quien lo condujo hasta el nuevo amo de Sharru Nada. Arad Gula negoció duramente y pagó un precio desorbitado por él.​

Arad Gula le dijo: "Tu filosofía y tu audacia han inspirado mi éxito actual... Gracias a los dos [Megido y tú], ahora vamos a Damasco, donde te necesito como socio".​

Sacó la tablilla de barro que era el título de propiedad de Sharru Nada, la levantó por encima de su cabeza y la tiró con fuerza contra el pavimento de piedra para romperla en mil pedazos, liberándolo.​

Sharru Nada lloró de gratitud y supo que era el hombre más afortunado de Babilonia.​

La Lección Final

Cuando Hadan Gula preguntó si el trabajo era la clave secreta de los shekeles de oro de su abuelo, Sharru Nada respondió: "Era la única que tenía cuando yo lo conocí. A tu abuelo le gustaba trabajar, los dioses apreciaron sus esfuerzos y lo recompensaron generosamente".​

Sharru Nada reflexionó: "Hay muchas cosas que me gustan, pero nada reemplaza al trabajo. Siempre he querido ser un gran hombre como mi abuelo".​

Al final, Hadan Gula comprendió: "Ahora lo entiendo, lo admiro aún más y me siento más determinado a convertirme en un hombre como él. Temo no poderos pagar nunca por haberme dado la auténtica clave de su éxito a partir de hoy la usaré. Empezaré humildemente, como él, y eso será más acorde con mi verdadera condición que las joyas y las bellas ropas".​

Capítulo 11: Un Resumen Histórico de Babilonia

Este capítulo proporciona un contexto histórico fascinante sobre la antigua ciudad de Babilonia.​

Ubicación y Condiciones

Babilonia estaba ubicada en el valle de los ríos Tigris y Éufrates, en un valle árido y plano, a unos mil kilómetros del canal de Suez, cerca de los treinta grados sobre el ecuador (similar a Yuma, Arizona). No tenía bosques, minas, ni piedra para construcción. No estaba en una vía comercial natural y las lluvias eran insuficientes para la agricultura.​

Babilonia poseía sólo dos recursos naturales: una tierra fértil y el agua del río.​

Las Grandes Obras de Ingeniería

Los ingenieros babilonios realizaron una de las más grandes hazañas técnicas de todos los tiempos: desviaron las aguas del río mediante diques e inmensos canales de irrigación que atravesaban todo el valle árido.​

Algunos de estos canales eran tan grandes que "una docena de caballos podían galopar de frente en su interior". Se los compara en amplitud con los canales más anchos de Colorado y Utah.​

Además, recuperaron una inmensa región pantanosa en la desembocadura del Éufrates mediante un sistema de drenaje, haciéndola cultivable.​

Antigüedad de la Civilización

Algunos científicos consideran que las civilizaciones babilónica y las de otras ciudades del valle son las más antiguas de las que se tiene conocimiento. Se han demostrado fechas que se remontan hasta 8.000 años de antigüedad.​

Los babilonios fueron los primeros ingenieros, astrónomos, matemáticos, financieros, y el primer pueblo que poseyó una lengua escrita. Fueron los inventores del dinero como moneda de cambio, de los billetes y de los títulos de propiedad escritos.​

Las Murallas Legendarias

Las murallas de Babilonia fueron consideradas una de las siete maravillas del mundo antiguo. Las primeras fueron construidas por la reina Semiramis, pero las más recientes y célebres fueron construidas alrededor del año 600 a.C. por el rey Nabopolasar y completadas por su hijo Nabucodonosor (cuyo nombre aparece en la Biblia).​

Altura: Aproximadamente 52 metros (equivalente a un edificio moderno de 15 plantas)
Longitud total: Entre 15 y 17 kilómetros
Anchura: Tal que en su parte superior podía correr un carro tirado por seis caballos

Los Asedios

Durante siglos, uno tras otro, los ejércitos victoriosos de casi todos los conquistadores se enfrentaron contra las murallas de Babilonia sin poder tomarlas. Los historiadores hablan de fuerzas de 10.000 caballeros, 25.000 carros y 1.200 regimientos de infantería de 1.000 hombres cada uno.​

La Caída de Babilonia

Babilonia no fue conquistada por sus enemigos hasta cerca de 540 años antes de Cristo, pero las murallas nunca fueron tomadas por la fuerza.​

Ciro, uno de los grandes conquistadores de la época, proyectaba atacar la ciudad. Los consejeros de Nabnidus, rey de Babilonia, lo persuadieron para que fuera ante Ciro y librara batalla fuera de la ciudad. Tras consecutivas derrotas, el ejército babilonio se alejó. Ciro entró por las puertas abiertas de la ciudad, que no opuso resistencia.​

El Legado

El poder y prestigio de Babilonia fueron declinando gradualmente hasta que, al cabo de unos siglos, fue abandonada y devuelta al desierto. Pero el autor concluye con una reflexión poderosa:

"Babilonia había caído para no volverse nunca a levantar, pero debemos mucho a su civilización. Los siglos han reducido a polvo las orgullosas paredes de sus templos pero su sabidura aún pervive".​

La ciudad ahora es sólo una colina de tierra, cubierta por el polvo del desierto durante veinte siglos, pero sus enseñanzas sobre la prosperidad, el trabajo duro, la responsabilidad financiera y el honor permanecen vigentes.

5 1 votar
Valoración
guest
0 Comentarios
El más antiguo
El más nuevo Más votados
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
George Samuel Clason: Biografía del Autor de "El Hombre Más Rico de Babilonia"
George Samuel Clason
Web |  + posts

Empresario y autor estadounidense, fundador de la Clason Map Company. Es célebre por su obra maestra "El Hombre Más Rico de Babilonia" (1926), clásico de finanzas personales.

Subir
0
Me encantaría conocer tu opinión, por favor comenta.x
Antes de Leerlo
Resumen de Privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.